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A Veces Quisiera Escapar, Pero Contigo...

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A Veces Quisiera Escapar, Pero Contigo... 

Esas historias de "Érase una vez", nunca han sido mi estilo; si voy a contar un cuento, quiero que empiece de manera diferente: qué tal... 

— ¿Por qué lloras? 

—Porque estoy sola y no puedo regresar a casa... 

—Pero aquí hay mucha gente 

—Pero ninguno conoce el camino a mi casa 

—Y ¿dónde queda tu casa? 

—Por allí, yo sé llegar, pero hay un bosque oscuro que me da mucho miedo atravesar. 

—Has debido empezar por ahí, yo te acompaño y me vas contando quién eres, ¿vale? 

—Vale, pero y ¿a ti no te da miedo? 

— ¡No! 

—O.K. debemos tomar por este camino. 

— ¿El camino de las conversaciones? 

—sí, ¿te da miedo? 

—no; para nada, de hecho es uno de mis caminos favoritos, pero, ¿sabes que para cruzarlo, debo hablarte para conocerte y reconocerme? 

—Sí claro, por eso es que necesito alguien que me acompañe; para poder llegar a mi casa, debo hacerlo en compañía. 

—Bueno.

—Ya estamos en camino. 

—Cuéntame ¿Qué haces?, ¿Dónde estudias?, ¿trabajas?, ¿Qué edad tienes?, ¿a qué le temes?... 

—A la soledad, ese es mi miedo, por eso vivo allí: en donde el único camino para llegar, debe hacerse en compañía, y tú ¿a qué le temes? 

—Eso lo irás descubriendo, aunque realmente soy muy valiente y no le temo a casi nada. 

— ¿Eres una especie de súper héroe? 

— ¿Tú que nombre le darías a este súper héroe? 

—Súper Tú — ¿Por qué? 

—Porque eres tú, eres súper...

—...Súper especial, súper dulce, súper tierno, súper Tú... 

—Y ¿Por qué le tienes tanto miedo a la soledad?, ¿Quién te hizo vivir al final de un camino que debe tomarse en compañía? 

—En realidad no "debe" tomarse en compañía, ¡Yo debo tomarlo en compañía!  Y es que le tengo tanto miedo a la soledad, que mi destino me envió a vivir allí. 

—Y ese bosque al que tanto le temes, ¿qué tiene de tenebroso? 

—Pues es que ese bosque, debo atravesarlo sin que nadie me acompañe. Es mi lado más triste y solo, y si eres capaz de atravesarlo, estarás en mi casa en un instante: solo debes cerrar tus ojos, confiar en mí, tomar mi mano y yo te guiaré. Pero no hace falta que me acompañes por él; al llegar allí, yo te diré mis inseguridades y te dejaré a la vera del camino. Claro que si al reconocer mis inseguridades, decides seguir adelante, deberás hacer lo que ya te conté. 

— ¿Alguien, alguna vez,  ha llegado a tu casa? 

—Sí, muchos lo han intentado; pero solo hubo alguien que lo logró. Estuvo cierto tiempo en mi casa, fue feliz, le di cobijo, ternura, comida para el alma; le di todo de mi, pero luego de un tiempo, se perdió dentro de mi casa y salió de ella por una puerta, que al cerrarla, destruyó todos los recuerdos que había logrado acumular, y ya no podrá entrar jamás; eso es lo que ocurre en mi casa: si entras, podrás vivir en ella, y ser feliz... muy feliz; pero si sales, jamás recordarás nada y nunca podrás volver a entrar. Con una excepción, que si sabes elegir la puerta correcta, a la hora de salir, podrás pasar a saludar, solo a saludar.

—Y es que ¿es muy pequeña tu casa?, o ¿Por qué nadie se queda en ella? 

—Porque en mi casa solo puede estar una persona a la vez y siempre que alguien se va, me deja cada vez más lejos de ella; para que así pueda encontrar a alguien que quiera  entrar, y hasta que por fin encuentre a quien se quede en ella para siempre... 

— ¿Para siempre? 

—...Pues, de hecho, mi casa es muy grande, tan grande como el universo; es infinita, por eso te puedes perder en ella si no sabes buscar dentro de ti lo que te haga mantener el norte; lo que sería una brújula. Es así como todos los implementos de navegación de mi casa están en tu propia casa, en ti mismo; debes saber interpretarlos, porque de lo contrario, te perderás y saldrás de ella... y…

— ¿Cuándo llegaremos a ella? Deseo mucho hacerlo

—Sé paciente… estoy aburrida de caminar y que tú no me escuches; me duelen los pies, me agobian tus preguntas, mis rodillas están cansadas, no creo que seas capaz de llegar a mi casa, no tienes lo suficiente. A veces me dejas sola, estoy llorando, te quiero, ya no te quiero. 

—Déjame abrazarte, y si estás muy cansada puedo cargarte, pero realmente deseo entrar a tu casa, conocerla mejor, me gusta mucho lo que cuentas de ella, quiero darte un beso, ¿puedo? 

—Cierra tus ojos, dame tu mano y confía en mí. Cruzaremos el bosque oscuro de mis miedos e inseguridades; si no abres tus ojos, podrás llegar a ella y estar un rato en mi casa; te iré contando cómo es, y de pronto seas tú quien pueda vivir en ella para siempre. 

— ¿Se puede vivir en ella?, ¿No dices que solo puede haber una persona a la vez? 

—Sí, y en este momento no hay nadie viviendo allí: podrías entrar; esta recién remodelada.

— ¡Qué bien!, pero ¿no hay problema? 

—Mi casa te está esperando ansiosa. 

— ¿a mí?, ¿Cómo sabe que voy? 

—Desde el momento que te acercaste a mí, ella sabía que entrarías. 

— ¿Por qué debo mantener mis ojos cerrados en este bosque? 

—Porque abrirlos significa juzgar. 

-¿Cuándo llegamos? 

—Ya estás en ella, abre tus ojos. 

— ¡Es maravillosa! 

—Disfrútala; en este momento es solo para ti; utiliza tus instrumentos de navegación para que no te pierdas dentro de ella. 

— ¿y si no quiero salir? 

—Eso únicamente lo puedes decidir tú mismo; por mí, eres bienvenido. Te podrías quedar por siempre, pero si decides salir, recuerda que jamás podrás entrar de nuevo 

— ¡Pero no quiero salir! 

—Ahora no, y ojalá nunca lo desees, pero recuerda: el solo desear salir de ella te acercará a la salida. Disfrútala y cuídala mucho, es lo más valioso que tengo. 

-¿Cómo así? 

—Sí, mi casa, mi corazón, es lo más valioso que tengo.

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Comentarios A Veces Quisiera Escapar, Pero Contigo...

Es aquí en lo sencillo donde encuentro tu grandeza, es aquí en lo que escribes donde descubro tus riquezas, que afortunada soy de conocerte aunque no lo que quisiera, eso es lo que te hace cada vez mas interesante y compleja,  lo que me da la gloria de sentirme viva y actualizada, la certeza de tu incertidumbre.

Buen cuentito, muy buen cuentito, con sus silogismos y todos  sus complementos, muy buen cuentito!



Lourde Maria
Lourdes Maria Lourdes Maria 06/09/2007 a las 18:57
Y saliste de mi corazón, como suele sucederle a quien no es capaz de amarlo sin tratar de entenderlo... has encontrado la puerta de salida...
Yo quiero entrar en la casa de alguien también. El problema es que ya he salido de ella. Espero poder volver algún día a esa casa.
Gracias 18/11/2007 a las 21:57
Ojála lo logres... propontelo e intentalo

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