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Rieles

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¿Y acaso es solo la soledad la que te acompaña?
Caminas por las vías de un metro desgastadas por el roce, y las epifanías llegan a ti cual senderos a caminar,
sigues las líneas y al encontrar la luz tu pasión se acaba.

Yalena era una chica insólita, no existe otra palabra para describirla. Solía batir todo lo que comía para no
tener que masticar, enterraba sus pies y manos en la arena porque allí tenia las plantas, creía que cada persona
poseía, o debería poseer, un dios personal. Confiaba más en los extraños que en los perros, compraba quinielas y
siempre apostaba a empatar, cerraba las ventanas pero dejaba las puertas abiertas; pero todo esto y muchas otras
excentricidades no eran lo que la hacían ser insólita, Yalena era insólita porque a los treitaytantos años tenía
una amiga imaginaria, Soledad, con quien ella recorría las líneas del metro subida en vagones blancos, metida
en túneles oscuros.

Solía hablar con La Soledad, y aunque todos la veían como una desquiciada: La Sole (Quienes la conocemos bien le
llamamos así) le contestaba.

Esa Sole omnipresente, omnipotente y casi divina, como los vampiros, no se reflejaba en los cristales de los vagones del metro pero todos allí la reconocían, porque como un dios todos tenían un poco de La Sole, en su corazón. Claro que todos la silenciamos en vanas compañías y aun así al final del día, cuando estas cepillando tus dientes, ella llega y se refleja en el reflejo de tus ojos en el espejo del lavabo.

Yalena aprendió a vivir con La Sole, se sintió acompañada y practicaba día a día los discursos argumentativos que
compartiría con ella refutando casi siempre y defendiendo a raja tabla que siempre es mejor compañía una buena Soledad
que el dolor de una muela cariada, que valen más cien pájaros volando que mil palabras y que en la gris melancolía de conocerle a ella y al amor el vacio no es el que deja el amor o el que ella trae con su presencia, el vacio esta en encontrar en otros algo que en tú carentemente está presente.

Por eso todos los días, cuando subo al metro y veo a Yalena rugir el fuego de su amor por La Sole no puedo más que hablar con Mi Sole y decirle:

¿Ves como aquella ya encontró lo que todos buscamos y tú nos escondes jugueteando risueña sobre las vías de este metro sin salidas que llamamos vida?, Quiero ver la luz del final, aunque sé que aun tengo muchos rieles que recorrer y muchas vanas compañías que amar.

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Comentarios Rieles

hola
me gustaron los dos
este de la soledad tiene muchos puntos a tener en cuenta
tu escritura es certera
un saludo
Jose Jaime Jose Jaime 01/09/2009 a las 10:06
Gracias Jose Jaime por tus comentarios, hoy pondre otro más espero que lo disfrutes.

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