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Perdida en el Tropico

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PERDIDA EN EL TROPICO  

¿Como llega una princesa a perderse en el trópico? Esa es la pregunta de todos nosotros cuando conocemos a Fiona Stranhalen, pero cuando en su español perfecto comienza a contar su historia de cuna y nobleza entiende uno que ella no esta perdida, esta sumergida en este paraíso que ante sus ojos es Cartagena.

Su reino sumido en una monotonía absurda basada en la riqueza infinita; su matrimonio feliz de cuento de hadas y un príncipe que mas que azul es: "a-su-lado" por soportar con tal estoicismo los poco esporádicos ataques de soberbia e inseguridad que definen a esta princesa, todo esto y ese mismo carácter voluble como el que mas ayudan a entender como quedo atrapada en su viaje de luna de miel.

No podía ser en otro lugar que en la mágica y monótona Cartagena donde acabaría aterrizando esta mujer.

Nada la emocionaba ya de su vida de lujos y festines, su príncipe al que daremos ya el carácter de personaje apropiándonos de su nombre: Federic, la adoraba mas que si ella fuese no una princesa sino una diosa; no era que besara el suelo por donde ella honraba posar sus delicados pies -me disculpo con usted por la meloseria pero así lo consideraba él y para el relato se hace plenamente necesario- NO, este hombre lamia ese suelo y se sentía alagado de poder hacerlo para él eso era la bendición mas sagrada e iluminada que podría llegar a recibir ya llegaran a imaginarse lo que había significado su casamiento y mas aun la primera noche junto a su amada.   El acontecimiento fue tal que todavía se tiene como referente en su reino.

Llegó de luna de miel al trópico húmedo y pegajoso que es esta ciudad y esto le causo un efecto  de confort culpable que escondió a la perfección mientras tramaba de forma visceral la estrategia para huir de si misma perdiéndose en este trópico.   Intento primero viajes a la selva: el amazonas colombiano, la sierra nevada, hasta el mismísimo Tapón del Darién o cualquier lugar donde pudiese alegar haber tomado un bebedizo que la obnubilara obligándola a quedarse dentro de una tribu indígena, mas nada de esto se pudo por razones de "seguridad".   Luego agarrándose de allí y con la excusa perfecta: "la labor social" o cuando ésta estaba muy trillada: "empaparse de pueblo"  empezó a frecuentar los lugares mas peligrosos de la ciudad buscando con eso   ser violentada por un secuestro bien fuera a manos de cualquier grupo insurgente o por la simple delincuencia común hasta llegar a conformarse con causar un asalto que jamás ocurrió pero con todo esto solo logro enamorarse mas de su príncipe y de esta tierra mágica y monótona - si yo se, eso ya lo saben, lo dije antes y lo reitero-.

El "empaparse de pueblo" le mostró como vivía esa raza y las peripecias en que esta se veía para mantener ese estatus de "mágica y monótona".  Esto a todos los niveles sociales pues su condición de "princesa" le valió para codearse con lo mas granado de la sociedad cartagenera que de paso sea dicho es la mas electiva del país y también le sirvió para juntarse con moradores de las sombras que esta selección hacían en la ciudad y digo selección no por lo selectiva, sea valida la redundancia, sino por su similitud con el seleccionado patrio por aquello de "perder es ganar un poco" o "jugaron como nunca perdieron como siempre" ya que es una sociedad de mucho rostro, nulo corazón y demasiado dinero "ajeno" acostumbrados a "perder platica en maquinaria , ser indiferentes ante su propia ignorancia y la que generan al apropiarse del erario, ¿deberé aclarar que publico?" un pueblo que antes de saber tu nombre conoce tu apellido y parten de allí para descartarte. Si para descartar puesto que aquí no eligen aquí descartan.

Pero todo esto cada día seducía más a Fiona que veía las maravillas de una ciudad detenida en tres estados del tiempo diferente todos de manera simultánea y sin dar siquiera un pasó atrás. Una ciudad con arquitectura colonia, pensamiento barroco, moral medieval, ínfulas de civilizada y completamente "reconquistada".   Una ciudad de extraños y forasteros que amas al contacto con su piel de la que será todo lo que diga por el amor y respeto que le debo única y exclusivamente a ella.

Fiona logro su cometido al desaparecer de manera misteriosa su pasaporte y el de Federic, quien al ver la poca prisa que su mujer tenia por solicitar el remplazo de dichos documentos y con el afán de complacerla hasta en sus mas descabellados deseos se hizo presa fácil para el esnobista aparato consular de la ciudad que solo servía cocteles y agasajos.

Ahí  fue cuando empezaron a disfrutar el viaje, todos los días se maravillaban de lo cadenciosa que era la monotonía en este lugar, pues la de su tierra era bastante frívola y vacía contrario a la del trópico llena de mosquitos, vendedores de plátano maduro en las calles insuficientes y mal administradas, ahora eran no mas que un par de anónimos, los títulos nobiliarios desaparecieron con los pasaportes y el dinero nunca falto pero jamás volvió a ser suficiente.

Viven en un modesto apartamento en uno de los barrios que albergaba la diversidad cultural y étnica de la ciudad "San Diego" dentro de la ciudad amurallada, obvio, pues es allí donde vive el mayor numero de extranjeros sin ser disonante porque aun cuando dichos foráneos no lo sean del todo o no tengan con que sostenerse viven allí por una especie de suerte o nivel que la ciudad les permite.   Trabajan, algo relajante y estresante al mismo tiempo que como todo en esta ciudad aniquila los extremos, suelen recibir la visita de sus conocidos que admirados sueñan tener las agallas de vivir algo así, claramente no las tienen: salen huyendo a los 3 días de calor húmedo y pegachento; amando a la ciudad y deseando volver.

Y es así como conocí a esta princesa de cuento de hadas y a su príncipe encantado: como parte de su trabajo llegaron a mí.   Era de esperarse que siendo extranjeros en esta ciudad tuviesen si bien no era un bar o un hotel o mucho menos un restaurante algo que conjuraba a la perfección las tres posibilidades, una casona antigua que conservaba su deterioro como parte del decorado para "la Maison Derrier" - aclaro que su actividad era completamente legal y moralmente irreprochable para una princesa- .

Llegaron a mi casi que por encargo: pues la única forma de escuchar los acordes y poesías del genio de Úbeda, un completo desconocido para los mortales e inmortales de esta cultísima ciudad, era en su bar. Y es que si bien poseía yo la colección completa del genio, con ellos en su negocio podía discutir sobre sus letras, melodías y otros particulares que me hacían rememorar la cultura que tanto añoraba para mi natal patria chica.

Yo un cartagenero como el que más, sin raza ni abolengo mas criollo que el bollo de yuca y con las aspiraciones que cualquier otro podría llegar a tener; empezaba a ser el confidente de los herederos al trono de un país del que era incapaz de pronunciar, escribir o siquiera entender el nombre, solo reconocía   su ubicación geográfica y su idioma que desde muy niño había estudiado por motivos ajenos los que hoy me motivaban a practicarlo.

Por eso al escuchar a Fiona y Federic hablar de su tierra sin añoro alguno mas bien escucharme atentos cual niños embelesados hablar de la mía con tal amor dejaban claro porque no estaban perdidos en el trópico estaban ATRAPADOS en él.

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Comentarios Perdida en el Tropico

este me gusto mucho
bot 20/02/2008 a las 05:14

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