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Malditas Hadas

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Érase una vez… ¡No! Que las hadas de este cuento son tan perversas como diminutas. Me han costado caro y ahora repito sin parar “no creo en las hadas”… a ver si en la tierra de “Nunca Jamás” mueren todas…  las puñeteras.

Soy una simple princesa, vivo en el diminuto reino de Tonichs, recorro a diario sus verdes llanuras, de lado a lado, y no demoro más de una hora en dar la vuelta a todo mi territorio. Es tan pequeño que su montaña más grande no es más que un cúmulo de tierra.

Pero es tan pequeño como hermoso, y con tantas riquezas que nos toca alquilar dos o tres reinos vecinos para poder guardar nuestros tesoros. En definitiva, soy la princesa de tres o cuatro reinos, aunque algunos de ellos sean alquilados. Aunque los tenga que pagar de mi bolsillo.

No soy una princesa de un cuento de hadas, porque éstas me maldijeron al nacer. Mi padre no quiso pagarles tributo, dejarles que me criaran. Ahora en vez de hada madrina tengo hada mezquina, cada lágrima que he derramado ella la ha guardado para enjuagar sus manos y maldecirme diez mil veces más.

Mi castillo y sus millares de salones están forrados de lujos. Mi príncipe no es azul, es lila, como mi color favorito. Mi pueblo me ama y venera más que a una diosa.

Aún así, todo me ha costado sacrificios y faenas. He tenido que vencer, con mi espada más afilada,  a mis enemigos: culebras, chepitos[1], dragones y cobradores del frac. Dar de comer a mi pueblo no ha sido una misión sencilla. Todos son celíacos y si me equivoco en las dietas se diezma la población del reino. Eso hace que tenga que trabajar el doble para que ninguno de los que sobreviven se vea cargado con más trabajo del que pueda realizar. Mi agenda se ve abarrotada de fiestas y bailes a los que asisto esplendorosa y radiante, sin importar que dos minutos antes haya estado sacando patatas de la tierra.

Frías y malvadas, las hadas buenas no existen. Si existieran mi vida sería solo luz y color, como se ven en las películas de un tal señor Walt,  que no es más que un cretino que creó una imagen de las princesas tan idílica que a mí no ha hecho más que maldecirme y traerme desgracias. Cuando lo descongelen vuelvo a apuñalarlo con mi espada más afilada: la palabra.

 


[1] chepitos - (en Colombia) cobradores de deudas vencidas

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Comentarios Malditas Hadas

A veces hay que purgar para no enfermar el colón, o el alma. Muy bueno.
Lourdes Maria Lourdes Maria 08/10/2010 a las 00:54

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