Avisar de contenido inadecuado

Esa

{
}

No la conocía bien, siempre había sido una completa extraña para mí, hoy la veía andar y caminar hacia mí con ese contoneo y me preguntaba: ¿Qué querrá esta?

Alta, espigada, tierna e inteligente, eso era lo que siempre me habían dicho sobre ella.

Sabía que la conocían por conseguir siempre lo que se proponía, ahora se había propuesto una meta y al parecer la estaba consiguiendo.

Se acerco ante mí, se puso de frente, yo hipnotizada por mi reflejo en sus ojos no escuché bien lo primero que balbuceó. Luego empecé a escucharla y no paraba de sorprenderme por su discurso grandilocuente:

—Debes seguir adelante, nada debe detenerte, tus metas están claras y no debes permitir que un tropiezo tan tonto sea suficiente para acabar aquí. Tienes que reponerte y seguir adelante—

¿Quién era ella y por qué me decía esto? ¿Cómo sabia las palabras exactas que necesitaba escuchar?

Empecé a notar que mi reflejo en sus ojos se hacía más vidrioso, y avise una lágrima saliendo de ellos. Era increíble verla llorar mientras me decía todo esto, sobre todo cuando yo lloraba a mares y desconsolada pero sin poder derramar una sola lagrima; soy incapaz de llorar, mis lagrimas hace años no resbalan por mis mejillas aún cuando me esfuerce por hacerlo solo para desahogarme, ni un golpe me hace llorar… y este ha sido uno de los golpes más duros que me han dado.

No podía parar de decirme, era como una maquina repetidora:

Tienes que levantarte, es duro, te duele, debes llorar y seguir adelante, no es esto lo que te hará perder la cabeza, no es esta situación la que te detendrá, eres grande y aunque llores y te sientas desolada tú seguirás adelante. No estás sola y tienes la responsabilidad, ante quienes te apoyan y quieren, de no desvanecerte.

Sus palabras taladraban mi corazón, en ningún momento vi su boca moverse pero sí escuche sus palabras que poco a poco iban cosiendo la herida que tenía dentro. Era sólo un golpe de los muchos que he recibido y de muchos que recibiré, pero en este había contado con un consuelo que jamás habría de esperar.

Ahora la veo a diario, a veces acude despeinada y otras muy arreglada pero siempre tiene, telepáticamente, una palabra para darme ánimo. A veces es dura, otras condescendiente, pero siempre, siempre acertada. Parece conocerme de toda la vida. Puede ser que sea así.

Acudo a ella y a veces la encuentro, otras está muy atareada siendo superflua y pasa de mi, sin embargo cuando la necesito, cuando en realidad la necesito, nunca me ha fallado desde ese día.

{
}
{
}

Deja tu comentario Esa

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre