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El Buen Diablo

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Él era un diablo torpe; incapaz de condenar un alma, de canjearla por placeres o venganzas. Sin embargo era un buen diablo o acaso ¿Un diablo bueno?

Arsgameón fue alguna vez un bello ángel, creado por el creador y maldito por el pecado de la lujuria.

El pobre no sufría y ya eso era raro en el infierno donde todos DEBEN sufrir, es la ley, pero estando en un lugar donde se rompen las leyes o se burlan de ellas no había como sacarle de allí por no cumplir con ese mandato.

Es así como tenemos un diablo que no compra almas y no sufre.

Su incapacidad para canjear almas, para comprarlas, tiene principio en algo mucho más profundo, a Arsgameón le es imposible cerrar un trato. Es un as a la hora de negociar, puede proponer tratos que sofocarían al mismo Señor de las Tinieblas, tiene la capacidad de convencer al más puritano, al más religioso o incluso al más ateo, de hecho convenció a un Papa de vender su alma a cambio de un plato de lentejas mal cocidas y con el hilo roto. Sin embargo a la hora de estrechar las manos en señal de “cierre del trato” llega el dilema.

–       ¡Por Dios! Arsgameón– le dice Belzebuth –estas acabando con mi paciencia y poca que tengo ya, para que tú me la acabes.

Y es que, Belzebuth es el directo responsable de las almas que Arsgameón reclame. Y que ese número llegue a cero en la historia de la humanidad acabaría con la paciencia del mismísimo Job, quien por cierto manda saludos a todos desde el cálido infierno.

Para que entiendan el porqué Belzebuth está al borde de los nervios y puede acabar pidiendo la baja por stress y recurriendo al spa del purgatorio para lavar sus culpas y subir al cielo, deben entender cómo funciona este sistema de recolección de almas en el infierno. Vamos primero de arriba abajo y luego en viceversa.

El primer demonio, Lucifer (no confundir con Lucia Fernanda la chica de la 5ª paila[1] que cambió su alma por un par de aretes de oro): fue quien  empezó a reclutar a sus colegas prometiéndoles dádivas si se le unían en su ejército de maldad; para contrarresta la candidez y bondad de Dios. Es así como al reclutar a varios ángeles  les puso como sus segundos al mando.

Esos secuaces dentro de los cuales se encuentran Belzebuth, Lilith, Belial y los ministros de Satanás: Lucifuge (primer ministro) y Gaderee (ministro de justicia… Divina) son los administradores de las almas que los demonios menores, como nuestro protagonista, atraen. Es decir, son quienes imparten castigo. Deciden cual será la condena eterna a la que deberán someterse estas almas y dirigen la localización de cada alma, osease, en qué paila se freirán: No todos pueden ir a la quinta, es la más solicitada y en realidad en este momento tiene sobrecupo. Que no es que esto moleste a los administradores, es un excelente valor agregado el que haya hacinamiento en esta cazuela, lo que ocurre es que cada una tiene su nivel de castigo y su administrador. Del mismo modo no se pueden recibir azotes eternos en la 7ª paila esos están en la 2ª, el pobre Arsgameón no tiene ni siquiera un alma en la primera paila: la más deseada.

Luego están los colegas de Arsgameón, los últimos de la pirámide, los encargados de tentar a los terrenales hombres, los comisionados de canjear almas, comprarlas, baratas o caras, pero comprarlas.

Tal es la imposibilidad de Arsgameón, que termina por ayudar a sus convencidos y salvando sus almas.  Lilith dice que es un infiltrado, que su caída es sospechosa y que ayuda más a la competencia que a la organización; él hace caso omiso e insiste en intentarlo sin éxito.

Y sí que es sospechosa su caída porque la lujuria de este ángel es difícil de comprobar; pues solo se dedicaba a fornicar con su muy estable pareja: San Gabriel Arcángel; lo hacían con pasión y locura en cada nube del paraíso, en cada copa de cada árbol, en cada vaso de cada mesa.  Pero está claro que fornicar no es un pecado, ni mucho menos mortal, además, si tenemos el agravante de su fidelidad y su confeso amor hacia su pareja este diablillo puede ver en peligro su estadía en el averno, porque si algo no se tolera en este lugar, y queda claro desde el momento en que se entra, es el amor. Aquí puedes ser amable, condescendiente, tener cualquier otra cualidad o cualquier otro sentimiento o emoción pero jamás AMAR porque de ser así estarías en el lugar equivocado. Los que aman pertenecen al cielo.

Por eso el pobre Arsgameón ha cambiado su nombre, porque al no poder entregar almas a Belzebuth, y que este decida su condena, al perder la paciencia y ver que Lucifer requería resultados, Arsgameón ha sido desterrado a vivir una vida en el paraíso, fornicando sin parar con su amado Arcángel San Gabriel, y agradando a Dios, quien presume de tener un nuevo ángel que ha traído más almas que cualquiera y además se deleita al verle fornicar con tal amor en todos los rincones.

Si tienes suerte y no vendes tu alma, como aquel pastor evangélico que la cambió por más “hermanos” y más “diezmos”,  podrás preguntar por él en el paraíso o encontrarle fornicando a tu lado y podrás llamarle: San Miguel Arcángel.

 


[1] Recipiente de cocina, de forma circular y poca profundidad, dotado de asas a ambos lados

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Comentarios El Buen Diablo

Esta lindo Nani, realmente algo lleno para mi gusto; pero te aseguro que mis gustos son raros y poco atractivos. Asi que juro al cielo con mano en alto que a muchas personas les encantara este cuento ^^.
PD: Puedes hacer un cuento de esos que me gustaria leer a mi :D.
Javier Caballero Javier Caballero 23/03/2009 a las 20:55
Nathalie:
Ese juego entre lo espiritual y lo mundano, que llega a confundirte de tal forma viendo como  hasta el pasiente Job fue a dar al infierno es genial. Un juego avasallante con la historia que le hace a uno regresar al principio preguntandose: Como fue capas de escribir esta locura?.
Me encanto, ahora que entre el diablo y escoja.
Lourdes Maria Celia ;-)
Lourdes Maria Celia Lourdes Maria Celia 23/03/2009 a las 21:39
De Ángeles y Demonios todos tenemos un poco

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